Una unidad de disco duro (HDD) tradicional es un tipo de almacenamiento magnético masivo que se utiliza principalmente en ordenadores, pero que también se encuentra en dispositivos como reproductores de música portátiles, cámaras de vídeo, reproductores de DVD y consolas de videojuegos.
Las unidades de estado sólido (SSD), en cambio, almacenan los datos en una matriz de chips fijados directamente a una placa de circuitos. Las SSD se encuentran habitualmente en smartphones, tabletas y otros dispositivos modernos.
Este artículo se centra en los discos duros magnéticos tradicionales con platos giratorios. Para más información sobre las SSD, visite este enlace.
El primer disco duro, el RAMAC ("Random Access Method of Accounting and Control") de IBM, vio la luz el 13 de septiembre de 1956. En aquel momento, pocos podían imaginar el impacto que este invento tendría en la vida cotidiana.
El RAMAC era enorme, pesaba una tonelada y necesitaba un compresor de aire para proteger sus cabezales. Sus platos eran tan grandes como pizzas, y su capacidad de almacenamiento de 5 MB -entonces revolucionaria- es ahora lo bastante pequeña como para caber en un bolsillo. El RAMAC estaba disponible para préstamo a largo plazo por 35.000 dólares, equivalentes a 254.275 dólares de hoy en día.
En 1981, IBM presentó el primer ordenador personal, el IBM 5150 PC, con un precio de 1.565 dólares. Sólo ofrecía 16 KB de memoria, lo que en aquella época se consideraba un lujo. A finales de los 80, 100 MB de almacenamiento se consideraban "grandes"; hoy, ese tamaño es insuficiente incluso para instalar un sistema operativo.
A lo largo de las décadas, la tecnología de los discos duros ha evolucionado notablemente. La producción pasó de apenas miles en los años 50 a más de 650 millones de unidades en 2010. El coste del almacenamiento magnético bajó de 2.057 dólares por megabyte en los años 60 a sólo unos céntimos por gigabyte en la actualidad.
Los discos duros almacenan datos en código binario (1 y 0) en la superficie magnética de platos giratorios. Los cabezales de lectura/escritura flotan sobre la superficie del plato, impulsados por la capa de aire creada por la rotación ultrarrápida del plato.
Los avances tecnológicos aumentan continuamente la capacidad de los platos de disco, pasando de la Grabación Magnética Perpendicular (PMR ) a la Grabación Magnética Shingled (SMR), y a otras innovaciones como la Grabación Magnética Asistida por Calor (HAMR) y la Grabación Magnética Asistida por Microondas (MAMR). El número de platos de los discos duros modernos también está aumentando.
Un disco duro magnético tradicional consta de:
Platos: Bandejas circulares de doble cara hechas de aluminio o vidrio, recubiertas con una capa magnética para el almacenamiento de datos. Estos platos giran a velocidades comprendidas entre 5.400 y 15.000 RPM.
Cabezales de lectura/escritura: Controlados por actuadores y accionados por un segundo motor, estos cabezales pivotan para acceder a la información a través de los platos. Nunca tocan la superficie, ya que incluso una pequeña fricción o el polvo pueden dañar la unidad.
Placa de circuito impreso (PCB): Alberga microprocesadores y memoria asociativa para la transmisión y el procesamiento de datos.
Procesador de señales: Convierte las señales eléctricas en señales digitales para que las interprete el ordenador.
Los discos duros siguen evolucionando, con capacidades de almacenamiento que alcanzan los 36 terabytes y predicciones de hogares con más de 25 unidades a medida que proliferan los dispositivos inteligentes. Se espera que el Internet de las Cosas (IoT) impulse un mayor crecimiento de las necesidades de almacenamiento de datos.
A medida que los dispositivos se vuelven más avanzados, aumenta el riesgo de pérdida de datos. A lo largo de los años, Ontrack se ha encontrado con numerosos casos insólitos, desde memorias USB confundidas con huesos de perro hasta derrames de café y borrados accidentales de fotos.
Ontrack ofrece una experiencia innovadora para recuperar datos de cualquier disco duro, independientemente de su antigüedad o daños. Establecer una relación temprana con un proveedor de servicios de recuperación de datos le asegura estar preparado para los peores escenarios.
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